El Caso S
 
Horacio Ejilevich Grimaldi

 


La Historia

 

Lo llamé S, aunque para mí es el Rey pescador por excelencia. Ocurre que S. viene a consulta con mucho dolor de cabeza y desconfianza. Sus sueños eran de una refinada riqueza pero su vida diaria, desgraciadamente absolutamente promiscua. No se aceptaba como homosexual, (lo cual no es ninguna patología) y por ello se auto agredía muchísimo. Esta era la raíz de su sufrimiento y no sus síntomas, las cefaleas y sus estados de ánimo.

Durante las primeras etapas de su tratamiento, concurrió con grabador.

S. había perdido desde muy joven a su padre y la madre, según el, se había prostituido para sobrevivir.

Todo esto comenzó a cambiar cuando pudo decir que siempre le había gustado dibujar y pintar.

Juan, que tenía un taller de dibujo y pintura, era un homosexual mayor, e inmediatamente lo incluyó en sus clases.

Con el tiempo irían surgiendo las primeras tres láminas que elegí para esta ponencia. También surgiría Alicia, buena artista pero sin el vuelo de S.

Ella tuvo una hermana que había fallecido como consecuencia de una interrupción de embarazo mal hecha. El cuerpo había aparecido en el foso de un ascensor de San Telmo, con una aguja de tejer en el útero.

Alicia tenía 18 años y era virgen.

S. la miró profundamente durante más tiempo del que Juan hubiera deseado. Por eso, en un rapto de celos sin sentido Juan trató de desacreditar a S. con sus compañeros de arte, pero lo único que logró fue que el se fuera con Alicia y algunos compañeros más y formara su propio taller.

Las cosas fueron bastante bien, leían, estudiaban y reían juntos.

Un día decidieron ir a Uruguay, a la Paloma. Allí pasó lo que tenía que pasar entre un homosexual confundido por su ánima (lo femenino) y una mujer prisionera de un fantasma.

Con la primera relación y el desfloramiento, llego el embarazo. También llegó la decisión casi implícita  entre ambos, a pesar del terror de Alicia y el asombro de S. de realizar un aborto. Contrariamente a lo temido, la cosa salió bien.

Al poco tiempo adoptaron un perro, ovejero belga, que llamaron “Sombra”, mientras Juan daba sus últimos estertores en el viejo Hospital de Clínicas, allí adonde ahora hay una plaza.

Decidieron vivir juntos y así lo hicieron. Alicia cocinaba y preparaba el material para el taller de S., que desde hacía mucho había dejado atrás en sus sueños las fantasías homosexuales. El daba su clase casi obsesivamente, pero con las mismas ganas que manifestaba por se mejor persona.

Bastante tiempo después, buscado en esta ocasión, llegó el hijo tan postergado. Uno solo, pero más que suficiente.

Allí S. me pidió un alta a prueba y me presentó la cuarta lámina.

Realmente me gustó, aunque había un toque tenebroso en los colores que había utilizado. Hasta me pareció que el hombre sangraba con una sangre espesa, coagulada y seca. Sospeché, no podía hacer más que eso, que se trataba de una vivencia numinosa de lo sincronístico. Algo así como un preanuncio de un castigo de su Dios interior sediento de sangre.

Sin embargo, la terapia es asunto de dos, y si uno no quiere no hay nada que hacer.


S.
se fue con su alta a prueba y yo me quedé con sus dibujos.

 

A los dos años y medio recibí un llamado tan angustioso como madrugador.
- Tengo un cáncer – me dijo. Me desperté de golpe y lo cité a primera hora.

El informe no daba lugar a dudas, las pruebas tomadas tampoco, ni siquiera el taloncito con el horario y el día de la operación. Era un cáncer testicular y se debía ablacionar (amputar) el testículo izquierdo.

Me acordé de la frase “Si tu ojo te ofende arráncalo y tíralo lejos de ti”, mientras pasaba mentalmente revista a la última lámina que me había obsequiado.

La operación duró poco, pero por casi cuatro años, S. y Alicia siguieron tirando adelante temblando cada vez que llegaban las pruebas para saber si se había extendido o no.

Y no se extendió.

El nene crecía y Sombra, se había vuelto viejito.

Al final, los oncólogos le dieron el alta, yo a el y después me la di a mi mismo.

A la fecha S. y Alicia tienen un hijo más y algunos otros de Sombra. También dos talleres, uno en Rocha Uruguay y otro en Buenos Aires.

Alicia no es la pebeta mas linda del barrio pero si la más compañera, en cuanto a el, estoy seguro que logró su obra de arte más importante.

 


 

 

El Cuento

 

El Rey Pescador

 

Cuando uno se anima a hacer la pregunta se conoce a si mismo. Cuando se conoce a si mismo aprende a no cometer los mismos errores. Cuando no comete los mismos errores puede crecer y seguir su Sentido de vida.

Había una vez un joven príncipe, señor del castillo. Salió a cabalgar un día montado en su blanco corcel y con su refulgente armadura plateada. Era todo un caballero andante. Una vez, de improviso se encontró en un claro del bosque con otro caballero similar pero distinto, se trataba de un turco jenízaro negro (su Sombra). Inmediatamente y sin preguntar nada se bajo la visera de su casco y arremetió. El otro hizo lo mismo, pues no podía hacer otra cosa.

Lucharon incansablemente durante tres días con sus noches. Al fin el Príncipe clavó su espada en el negro jenízaro y lo mató no sin antes que éste lo hiriera ferozmente en sus genitales con una flecha de dos puntas, una a cada lado e imposible de remover.

A partir de entonces su tremendo dolor solo se mitigaba pescando cerca de su castillo

Por ese entonces, Sir Percival, caballero de la mesa redonda, acertó a pasar. Su madre le había hecho jurar que nunca se sacaría una túnica de lienzo que ella deliberadamente le había tejido para protegerlo de las andanzas caballerescas.

Estaba anocheciendo y Percival, desconocedor de quien era su interlocutor preguntó: -Pescador, ¿Podrías decirme donde pasar la noche?-

Nuestro ya Rey le contestó crípticamente: -De aquí en once días en ninguna parte pero si caminas derecho (maduración), doblas hacia la izquierda (reconocer el inconsciente más profundo) y cruzas el puente levadizo (la frontera entre el mundo conciente y el mundo interno de la imaginación), te daré albergue en mi castillo -Sir Percival hizo lo que el otro le dijo y por la noche vio una procesión de tres bellas mujeres, una de las cuales llevaba el Santo Grial (Nuestro Dios interior y nuestra brújula de vida, simbolizado en la copa donde Cristo bebió en la última cena). Al final de la Procesión estaba el Rey Pescador quien le suplicó que hiciera la pregunta. Sin embargo Percival era muy joven y no entendió a que se refería el otro.

Once años después, luego de muchas aventuras y ya cansado de ellas, cayéndosele la túnica materna a jirones (complejo materno), acertó a pasar de nuevo por el lago y nuevamente vio al rey pescador, pero esta vez el anciano sabio del bosque (su propia experiencia de vida) le había dicho que el sentido de su existencia era liberar al rey pescador de su sufrimiento. Nuevamente fue albergado en el castillo, pero esta vez, cuando la procesión pasó, se animó a hacer la pregunta.- ¿A quien pertenece el Santo Grial, que cura todos los males del mundo?

Todos le contestaron: - Al Señor del Castillo -Inmediatamente el Rey pescador recuperó su vigor y lozanía, tuvo mujer e hijo y fue feliz.
 


                   

Horacio Ejilevich Grimaldi

Psicólogo Clínico U.B.A.

Psicoterapeuta junguiano

www.junguiana.com.ar

horacioejilevichgrimaldi@junguiana.com.ar